
Durante todo este año, he tenido la suerte de trabajar casi siempre en lunes. No suerte por trabajar un lunes, que es la peor pesadilla del garfield que todos llevamos dentro, sino por haber gracias a ello descubierto una de esas pequeñas cosas que a mí me encantan de Darmstadt.
Todos los lunes por la tarde, se monta un tenderete en Luisenplatz, el lugar de reunión de viejos, jóvenes, borrachos, punkis y cualquiera que tenga que coger un medio de transporte público en este pueblo, y, megáfono en mano, tiene uno el privilegio de acercarse a quejarse bien alto de lo que a uno le parezca.
Lo más parecido que he visto en Madrid fue una señora en la plaza mayor quejándose a grito pelado (y sin megáfono) en medio de la Plaza Mayor (delante de algunas oficinas del ayuntamiento que hay allí) de lo caros que estaban los pisos.
Esto en cambio es mucho más oficial. Y se quejan, eh, la cosa no queda en anécdota. La verdad es que no les entiendo mucho, sólo que se suelen quejar de política y del paro, pero lo que me gusta es que se le ofrezca a la gente la posibilidad de quejarse bien alto en la plaza de su pueblo. Es como una manifestación semanal, sólo que no está convocada por ningún partido ni sindicato, y supongo que si cojo el megáfono para quejarme de lo caros que están los tomates nadie se va a extrañar ni un poquito.
Estas minimanifestaciones personales me hacen pensar siempre en las cosas que escribe Naomi Klein en su "No Logo" (gracias...) sobre la privatización de los espacios públicos. Los americanos tienden a hacer mucha vida en los centros comerciales, que se asimilan como espacios públicos, pero siguen siendo en el fondo empresas o asociaciones de empresas. Y si alguien hace algo que no les parezca bien, tienen derecho a expulsarle del centro comercial. Es decir, no puedes pasearte con carteles en los que ponga "mis nike las ha hecho un birmano (¿y esto cómo se dice ahora?¿myanmarano?) de 8 años por un centavo de dolar" en la macrotienda de nike. Puedes pero te echarán a los 2 minutos...
Hasta aquí, bien, cada uno tiene derecho a defender la imagen de su propia empresa.
El problema llega cuando esas empresas alquilan verdaderos espacios públicos, como la plaza principal de una ciudad. ¿Pierde uno el derecho a manifestar (bien alto) sus opiniones? Una cosa es alquilar el espacio publicitario de un lugar público y otra distinta alquilar el lugar público en sí. Me refiero concretamente a campañas publicitarias. Una empresa alquila un espacio público para montar una feria una semana, y los habitantes de la ciudad ganan en opciones lúdico-festivas (y en ruido), pero si una empresa alquila un espacio público para llenarlo de stands y nuevos modelos de coches los habitantes de la ciudad en realidad no ganan nada, sólo se les expropia una zona pública.
La Plaza Mayor de Madrid pasa más días al año alquilada que sin alquilar. ¿Se podrá quejar la señora todos los días del año? Teniendo en cuenta los valores de las sociedades europeas, supongo que sí. Pero igual acaba siendo mucho suponer. Los espacios públicos deberían permanecer públicos, y todos deberían tener un megáfono los lunes para poder quejarse bien alto.